El primer gran ERE por IA del turismo español

El 18 de junio de 2026, Lastminute Group presentó ante los sindicatos un expediente de regulación de empleo que afecta a 163 personas de Rumbo, su marca en España, con centro de trabajo en Madrid. Es el 34% de la plantilla española del grupo. La cifra forma parte de un ajuste mundial de en torno al 25% de la plantilla total con el que la compañía calcula un ahorro anual de 16 millones de euros a partir de 2027.
No es la primera vez que el sector turístico español recorta plantilla. Es la primera vez que una empresa grande lo vincula, con nombre y cifra, a su viraje hacia la inteligencia artificial: la compañía habla de acelerar su transición hacia una operación apoyada en IA, y en julio su consejero delegado explicó a los analistas que está integrando su servidor MCP para que sus vuelos y hoteles se puedan reservar desde Claude y ChatGPT. Por eso este ERE, y no otro, es el que marca un antes y un después en la conversación del sector.
Lo que dicen los números, y lo que no dicen
En la mesa, los sindicatos pidieron 38 días por año trabajado con un tope de 24 mensualidades y un año de recolocación; la última oferta publicada de la empresa era de 33 días, el mismo tope y seis meses de recolocación con Randstad. Del total de 163 puestos planteados, 20 salieron del expediente en las primeras rondas.
Hay una segunda causa que se cita mucho menos que la IA, y que conviene poner sobre la mesa porque cambia la lectura del caso. Lastminute cerró el segundo trimestre de 2026 con 7 millones de euros de pérdidas, frente a 1,3 millones de beneficio en el mismo trimestre de 2025. La facturación del trimestre cayó un 2%, hasta 91,4 millones, el EBITDA ajustado bajó un 23% y el resultado operativo fue negativo en 9,3 millones. La compañía ha recortado sus previsiones para el año: de un crecimiento esperado en torno al 10% en ingresos y EBITDA a un crecimiento "de un dígito medio" en ingresos y de entre el 5% y el 10% en EBITDA ajustado.
Que una empresa en pérdidas anuncie un ERE mientras invierte en IA no es una contradicción — es casi un patrón. La IA da cobertura narrativa a un ajuste que, sin ella, tendría que explicarse solo con el mal trimestre. Ninguna de las dos causas anula a la otra: probablemente ambas son ciertas a la vez, y separar el relato de transformación tecnológica del ajuste por resultados financieros es, honestamente, la parte más difícil de leer bien esta noticia.
No es un caso aislado, aunque sí es el más grande con cifra pública
Unas semanas antes, en mayo, Quadrant Travel Technologies, la plataforma tecnológica para agencias que lanzó Pangea junto a otros inversores, anunció una reestructuración de su plantilla que vinculó explícitamente a su apuesta por la inteligencia artificial. La nota no incluye cifras publicadas, así que se queda en precedente cualitativo, no en dato comparable.
Fuera de España, Expedia recortó personal en enero de 2026 sin confirmar una cifra oficial, coincidiendo con el nombramiento de su primer Chief AI Officer; la compañía lo enmarcó como "eliminar roles y abrir roles nuevos" mientras publicaba más de 250 vacantes en paralelo, y no ató el ajuste a la IA en ninguna declaración oficial. Es un patrón distinto al de Lastminute — reestructuración selectiva con contratación simultánea, no un recorte neto — y conviene no mezclarlo con el caso español como si fueran la misma historia.
Después del ERE de Rumbo llegaron dos casos más fuera de España. En julio de 2026, el software de gestión hotelera Mews despidió al 15% de sus unos 1.350 empleados, y su consejero delegado, Richard Valtr, lo atribuyó a la IA: según contó a Skift, una sola persona puede llevar ahora de principio a fin un trabajo que antes pasaba por varios especialistas. En agosto de 2026, Expedia sacó a ocho altos cargos técnicos y reorganizó su división de producto y tecnología, unas 8.000 personas, en equipos pequeños que se ocupan de cada producto de punta a punta; la empresa insistió en que no hay pruebas de que la IA haya sustituido a esos directivos. En septiembre, un aviso oficial de despidos del estado de Washington sumó 58 puestos más en Seattle, más de la mitad técnicos. En ninguno de los dos casos la IA explica sola el recorte: aparece junto a una reorganización más amplia, igual que en Lastminute.
El díptico que se vive puertas adentro: miedo en la plantilla, fiebre en la dirección
Meses antes del ERE de Lastminute, la prensa sectorial ya documentaba una tensión interna en los grandes emisores turísticos españoles que ayuda a entender por qué esta noticia generó tanto ruido. En febrero de 2026 se hablaba de un miedo generalizado en las plantillas de las centrales de los grandes grupos —concentrado en los puestos administrativos, los más fácilmente automatizables— mientras las cúpulas directivas vivían lo que se describió como una "fiebre inaudita" por incorporar las últimas versiones de IA generativa. Dos velocidades, un mismo edificio: quien firma el ERE y quien lo sufre están leyendo la misma tecnología de forma opuesta.
Esa tensión no es exclusiva del turismo ni de España, pero aquí tiene nombres: Lastminute/Rumbo es, a fecha de esta publicación, el caso con cifra más grande y más citado. No será el último — cuando una gran empresa del sector normaliza vincular un ERE a la IA en su propia comunicación, las siguientes lo hacen con menos fricción reputacional.
Mi lectura, después de quince años en las operaciones de un touroperador
La pregunta que nunca falla en una reestructuración es la misma: ¿esto es la tecnología o es el balance? Casi siempre es las dos cosas, y quien dirige el ajuste tiene todo el incentivo para que la respuesta pública sea "la tecnología" — suena a estrategia, no a apuro.
Si gestionas un negocio turístico pequeño o mediano, la lección útil no es el miedo al titular. Es más aburrida y más aplicable: la IA reduce de verdad las tareas repetitivas de gestión de reservas, incidencias y atención posventa — hay casos españoles reales, como Ávoris resolviendo más del 70% de sus incidencias con un agente sobre Azure OpenAI. Pero sustituir plantilla con IA sin haber limpiado antes los procesos y los datos no ahorra dinero, lo pospone. Y la formación de quien se queda —la partida de innovación que más peso ha perdido en las agencias, del 59% al 46% según el barómetro de Beroni y ObservaTUR de 2026— es exactamente lo contrario de lo que este momento pide.
El ERE de Lastminute no cierra un debate. Lo abre, con nombre y con cifra, en un sector español que hasta ahora solo hablaba de la IA en abstracto.

